En la calle peatonal de Trauko, en 2010, abrió sus puertas Panadería Kurruskito. Desde entonces, cada mañana el barrio se despierta con olor a pan del día: barras crujientes, chapatas, panes artesanos, integrales y de maíz, pensados para la mesa de cada casa.
Junto al pan, las vitrinas se llenan de galletas y pastas artesanas de diferentes regiones, que traen recuerdos de pueblos, meriendas y tardes de café.
Hoy, Kurruskito sigue siendo ese pequeño rincón de confianza donde el pan y las pastas no son solo producto: son parte de la rutina y del cariño al barrio.